¿QUÉ SON LAS MASCOTAS?

A menudo leemos noticias en la prensa sobre los malos tratos a los animales o sobre si los circos pueden o no acoger espectáculos con los animales como protagonistas de los números y siempre hay polémica. Y por no hablar de las corridas de toros con sus fervientes admiradores y sus fervientes detractores.

Todo ello, me lleva a pensar sobre cómo han ido cambiando las relaciones entre los animales y las personas en los últimos años.

Hasta hace relativamente poco en España –un país predominantemente agrario- , los animales ayudaban a los humanos en las tareas agrícolas y en las labores de vigilancia de ganado y de las posesiones. Hoy en día, el animal ha pasado a formar parte de la familia y a veces el único “miembro” de la familia nuclear de un viudo o de una viuda ya mayores.

¿Y que son ahora los animals? El derecho civil catalán –pionero a nivel español como también lo ha sido en la regulación de las parejas de hecho- recoge en el Código civil que “los animales, que no so se consideran cosas, están bajo la protección especial de las Leyes. Solo se les aplican las reglas de los bienes en lo que les permita su naturaleza” (art. 511-1 apartado 3 del Código) y la Ley 22/2003 Catalana también establece expresamente que los animales de compañía no pueden ser embargados para cobrarse una deuda por ejemplo de la Comunidad de propietarios y establece los derechos de los animales y las obligaciones de sus propietarios con relación a su salud y a su bienestar. 

Recientemente el Congreso de los Diputados ha admitido a trámite una propuesta de Ciudadanos para que los animales pasen a tener en el Código Civil español una categoría especial, de forma que, también en el resto de España, pasen a tener la consideración de inembargables i indivisibles y que se reconozca que tienen una naturaleza extra patrimonial los animales de compañía (otra cosa es –de momento- el régimen de los animales que ayudan en el campo) 

En la práctica, muchos convenios de divorcio regulan las relaciones de los ya ex –cónyuges con las mascotas que se encontraban en el domicilio; quién de ellos se encarga de las vacunaciones o del pago de la tasa por el chip o, incluso, derechos de estancia de uno u otro con el animal.

Y, a veces, les puedo asegurar que las negociaciones del convenio regulador tampoco son fáciles en absoluto dado el grado de afecto que sienten mutuamente amos y mascotas.

Ello me lleva a la reflexión que en un futuro no muy lejano en este país alguna mascota pueda llegar a heredar, dejando para hijos y descendientes el derecho a la legítima del que les hablaré en el próximo post.

Alfons Catena Oliva
Abogado